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Conmemoración de Emilio Rosetti |
| A continuación podéis encontrar algunos discursos pronunciados en el Cementerio Monumentale de Milán para el primer aniversario de la muerte del ingeniero Emilio Rosetti en enero de 1909 | |
Con la muerte de Emilio Rosetti, la República Argentina, que tengo el honor de representar, hoy lamenta la desaparición de uno de los adjutores más poderosos que tuvo en la organización de sus estudios superiores. La Universidad de Buenos Aires debe la fundación de la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas al profesor Rosetti y a otros pocos ilustrados hijos de Italia, que se entregaron por completo y a eso dedicaron todo su amor docto. Dicho instituto se desarrolló gracias a aquellos hombres y su importancia y valor crecieron tanto que resultó uno de los mayores coeficientes de la prosperidad nacional y permitió a Argentina, en el ámbito de la misión educativa, poderse situar entre las naciones más avanzadas. El recuerdo de la obra del profesor Rosetti está todavía muy vivo en Argentina. Lo recuerdan con afecto filial sus alumnos, que han llegado a los niveles más altos bien en las profesiones libres, bien en la enseñanza o bien en los cargos públicos. Lo recuerdan los hijos y los alumnos de sus alumnos que, considerando el rápido progreso técnico de la República y viendo las obras de sanidad, los acueductos, los puertos colosales y los innumerables ferrocarriles, que surgieron en poco más de treinta años, son llevados a admirar a quien, primero, con potente impulso, fue capaz de empujar y conducir las energías jóvenes de ese país hacia las vías del desarrollo. Argentina ya ha puesto el nombre de Rosetti a una tierra suya, sin embargo, el recuerdo y la gratitud serán en su corazón un monumento incluso más solemne y duradero. A los restos de Emilio Rosetti, con el duelo profundo de la nación Argentina, tributo el reverente homenaje del Cuerpo Consular argentino y el mío. |
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Con el alma llena de tristeza y angustia, estoy aquí para dar mi último adiós a los restos de Emilio Rosetti y para decir, a vosotros que habéis venido aquí a honrarlo por última vez, cuán grave es haberlo perdido. (…) Emilio Rosetti, cuya familia vivía en la región de la Romagna, era numerosa y no rica, quiso ser muy pronto ‘hijo de sus propias obras’ y artífice de su fortuna. Para no estar a cargo de sus padres, estudió ingeniería en Turín mientras prestaba servicio militar como artillero en esa ciudad. En 1865 terminó sus estudios con tal éxito que, tan sólo dos meses después de su licenciatura, el Gobierno Argentino lo invitó a Buenos Aires, junto con otros dos jóvenes profesores (Bernardino Speluzzi y Pellegrino Strobel, elegidos de las Universidades de Pavía y Parma respectivamente), para fundar la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas y Naturales. (….) Al comienzo, el ingeniero Rosetti tuvo las cátedras de Geometría Descriptiva y Arquitectura; luego, año tras año, trabajo titánico, tuvo que añadir otras enseñanzas, como Construcciones Civiles, Mecánica Aplicada, Hidráulica, etc. Y por si fuera poco, más adelante lo llamaron a enseñar Física en el Colegio nacional también, donde creó un Gabinete de Física que en esos tiempos fue señalado como un modelo. Creemos que fue allí donde Rosetti pudo llevar a cabo importantes estudios sobre las propiedades físicas de las maderas argentinas, que se publicaron en un libro que en Argentina se considera casi un clásico y que sirvió para ayudar al desarrollo de una industria especial del País. Todo el mundo lo estimaba por la excelencia de su enseñanza y tuvo muchos más encargos importantes en el periodo en el cual estuvo en Argentina. El Gobierno le encargó el grandioso proyecto de un ferrocarril a través de los Andes para poner en comunicación directa Buenos Aires con Chile. Proyectó y construyó el muelle y los tranvías del puerto de Paraná; fue el arquitecto de la Iglesia de los Italianos en Buenos Aires y de la Gran Estación ferroviaria en La Plata. A él se debe el magnífico monumento erigido al estadista Vélez Sarsfield, autor del Código Civil Argentino. Después de veinte años de enseñanza, ansioso por volver a Italia, Emilio pidió y obtuvo la jubilación. Como recuerdo del profesor, la Facultad de Ingeniería instituyó el Premio Rosetti, que cada año se concede al joven que se licencia Magna Cum Laude. Además, en señal de gratitud por los muchos servicios prestados al País, el Gobierno Argentino lo nombró Cónsul (…).. (….) Tenía cultura amplia y erudición inmensa, era docto en ciencias positivas y asuntos de arte, podía discutir de problemas prehistóricos con Sergi, de la Roma republicana e imperial con Ferrero y de literatura con el bibliotecario Fumagalli. Sin embargo, lo que todavía hace falta recordar, y que honra en la mayor medida su memoria, es la completa humildad de pensamiento y de vida que tenía. Los hombres buenos y justos como Emilio Rosetti no mueren por completo: en sus obras su espíritu sobrevive en el mundo. La muerte les abre las puertas de la inmortalidad. ISu hijo Doro, que el año pasado lo acompañó a Buenos Aires en el viaje que sería el último para Emilio, pudo ver la promesa de la inmortalidad, casi en sus albores, en las celebraciones extraordinarias que recibió de todo ciudadano. Sin embargo, habían pasado más de veinte años desde que dejó su cátedra. Toda la prensa hizo eco de esas demostraciones, que tuvieron lugar –vuelvo a repetir– más de veinte años después de que terminó de enseñar en la Universidad. Dichas demostraciones son una promesa y una señal de una gloria que nunca morirá. (....)
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Ch.A |
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